Metatarsalgia: Relevancia Clínica, Factores Etiológicos y Estrategias de Prevención desde la Fisioterapia

1. Introducción

La metatarsalgia —dolor mecánico localizado en una o varias cabezas metatarsianas— constituye uno de los motivos más frecuentes de consulta por dolor de pie. Su prevalencia ronda el 10 % en la población general y puede alcanzar el 50–95 % en los adultos mayores, sobre todo en mujeres. Además de comprometer la calidad de vida, este cuadro se asocia a absentismo laboral y a elevados costes sanitarios, lo que convierte su prevención y abordaje integral en un reto de salud pública.

2. Cuadro Clínico y Diagnóstico

El síntoma cardinal es una sensación de quemazón o dolor punzante en la zona plantar del antepié que empeora con la bipedestación prolongada o la práctica deportiva y mejora con el reposo. A la inspección pueden hallarse hiperqueratosis plantares, edema localizado y signos de sobrecarga en baropodometría. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, respaldado por pruebas de imagen (radiografía con carga, ecografía, RM) que permiten descartar fracturas por estrés, neuromas o sinovitis 

3. Etiología y Factores de Riesgo

La metatarsalgia obedece a un desequilibrio en la distribución de cargas durante la fase de despegue de la marcha. Factores predisponentes habituales son la hiperpronación, el acortamiento del primer radio, las deformidades digitales (dedos en martillo o garra) y el uso de calzado de tacón alto o con puntera estrecha.

En deportistas, los picos de fuerza vertical sobre el antepié pueden superar el 275 % del peso corporal al correr, lo que explica su elevada incidencia en corredores de fondo, saltadores y bailarines de élite.

Las enfermedades sistémicas también modulan el riesgo. En pacientes con artritis reumatoide en remisión persiste una elevada tasa de limitación funcional y sinovitis subclínica del antepié, lo que evidencia la importancia de los factores biomecánicos incluso cuando la inflamación sistémica está controlada.

 

Por último, la exposición ocupacional a la bipedestación —típica en enfermería, comercio minorista o cadenas de montaje— incrementa 1,7 veces la probabilidad de dolor de pie; hasta un 24 % de las/os enfermeras/os refieren ausencias laborales anuales por esta causa.

4. Fisiopatología Biomecánica

Durante la fase propulsiva de la marcha, el peso corporal se traslada al antepié; si el primer radio no soporta la carga adecuadamente, las cabezas del segundo y tercer metatarsiano reciben una presión excesiva. El colapso del arco transverso y la atrofia de la almohadilla grasa plantar agravan el fenómeno de “efecto lupa” de las presiones plantares, perpetuando la nocicepción y favoreciendo lesiones de partes blandas (bursitis, sinovitis, neuroma).

5. Fisioterapia Preventiva y Ejercicio Terapéutico

La evidencia apoya los programas de fisioterapia que combinan ejercicios de movilidad, fortalecimiento intrínseco del pie y movilizaciones articulares: un metaanálisis reciente mostró una reducción significativa de las presiones plantares de antepié y una ganancia de rango articular tras 6–8 semanas de intervención.

El pilar preventivo incluye:

 

  • Ejercicios de “short‑foot” y propiocepción, para mejorar la activación del tibial posterior y estabilizar el arco.

  • Estiramiento del tríceps sural (equinismo funcional) y de la fascia plantar.

  • Educación en progresión de carga para deportistas y en pausas activas para trabajadores que permanecen de pie.

  • Adaptaciones del calzado: drop reducido, puntera ancha, rocker bottom y materiales de la suela con menor rigidez torsional.

6. Tratamientos Farmacológicos e Invasivos

En la fase aguda pueden emplearse AINE por vía oral (ibuprofeno 1.200–1.800 mg/día) durante periodos cortos; ofrecen alivio sintomático pero no modifican la mecánica subyacente, y su uso prolongado se asocia a mayor riesgo de retraso de consolidación ósea tras osteotomías del antepié.

Las infiltraciones ecoguiadas de corticoide poseen una evidencia moderada de mejora del dolor a corto plazo en neuroma de Morton y otras metatarsalgias compresivas, aunque casi un 30 % de los pacientes precisa cirugía diferida y se describen complicaciones como atrofia de la grasa plantar o inestabilidad de la placa plantar. Las guías publicadas en 2025 insisten en limitar la frecuencia de infiltraciones y personalizar la dosis según factores de riesgo sistémico (diabetes, inmunosupresión).

 

Cuando fracasa el manejo conservador (3–6 meses), las opciones quirúrgicas incluyen osteotomías de Weil, resección del neuroma o transferencias tendinosas, reservadas a casos seleccionados y siempre acompañadas de un programa de rehabilitación posquirúrgica supervisado.

7. Impacto Laboral y Sectores Profesionales Afectados

Además del personal sanitario y minorista, los sectores logísticos y la hostelería comparten un patrón de pie doloroso relacionado con suelos duros y jornadas prolongadas. En Europa, el 20 % de los trabajadores pasa la mayor parte del turno de pie y el dolor musculoesquelético de extremidad inferior es la principal queja de salud laboral. La metatarsalgia no tratada produce pérdidas de productividad por faltas justificadas, pero también por presentismo: las/os trabajadoras/es continúan en su puesto con rendimiento disminuido, lo que repercute en la eficiencia empresarial.

8. Conclusiones

La metatarsalgia es un trastorno multifactorial cuya prevalencia, morbilidad y repercusión socioeconómica justifican estrategias preventivas centradas en la ergonomía, el ejercicio terapéutico y la educación sanitaria. La fisioterapia juega un papel clave al modular las cargas plantares y mejorar la función del complejo pie‑tobillo antes de que se requieran tratamientos farmacológicos o invasivos. Para deportistas y empresas, invertir en programas de fortalecimiento, calzado adecuado y pausas activas no solo reduce el riesgo de lesión sino que incrementa el rendimiento y la sostenibilidad laboral.