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Ejercicio físico en la empresa: qué funciona y qué es postureo

Desde el gimnasio en la oficina hasta las clases de CrossFit corporativo. Algunas iniciativas cambian datos y otras solo cambian fotos, y la diferencia es bastante predecible.

Escrito por Roger Pont Bosch · fisioterapeuta colegiado Nº 15266 · tiempo de lector: 8 minutos ·

La actividad física es una de las pocas intervenciones de salud con beneficios demostrados sobre casi todo: dolor musculoesquelético, salud cardiovascular, sueño, ansiedad, capacidad de trabajo. Y una de las que peor se implanta en las empresas.

El motivo del fracaso es casi siempre el mismo y es bastante predecible.

El problema de la autoselección

Cuando una empresa monta una actividad física voluntaria, quien se apunta es quien ya hace deporte. La persona con dolor lumbar, sobrepeso y veinte años sin hacer ejercicio no se apunta a la clase de crossfit del martes.

El resultado es una iniciativa con buenas fotos, buena valoración de los participantes y cero impacto sobre los indicadores de salud de la plantilla, porque no ha llegado a quien tenía el problema.

Si tu programa de ejercicio tiene un 20 % de participación y todos son gente que ya entrenaba, no tienes un programa de salud: tienes una actividad social subvencionada.

Los otros motivos por los que fallan

  • Fuera de jornada. Si hay que quedarse una hora más, participa quien tiene menos cargas familiares. Sesgo garantizado.
  • Solo en el turno de mañana. Los turnos rotativos y el de noche suelen ser los de mayor incidencia y los que nunca acceden.
  • Solo en la sede central. Delegaciones y centros pequeños quedan fuera.
  • Intensidad inadecuada. Una clase pensada para gente en forma expulsa a quien más lo necesita en la primera sesión.
  • Sin progresión ni seguimiento. La actividad se convierte en un rato de gimnasia sin objetivo, y la asistencia cae en semanas.
  • Sin conexión con el problema real. Se ofrece pilates genérico a una plantilla cuyo problema es la manipulación de cargas.

Qué sí funciona

  • Dentro de jornada. Es la variable que más cambia la participación. Media hora dentro de jornada rinde más que dos horas fuera.
  • Empezar por quien tiene síntomas. Un grupo específico para personas con molestias, con valoración individual previa y pauta adaptada. Ahí está el retorno.
  • Intensidad accesible y progresiva, con la posibilidad de empezar desde muy abajo sin sentirse fuera de lugar.
  • Cobertura de todos los turnos y centros. Si no llega al turno de noche, no llega donde más falta.
  • Objetivo funcional concreto, ligado al puesto: poder estar de pie el turno completo, levantar sin dolor, aguantar la jornada sin cargar el cuello.
  • Seguimiento y medición. Adherencia a los tres meses, no asistencia el primer día.
  • Facilitar más que organizar. A veces lo más eficaz no es montar una clase, sino subvencionar la actividad que cada uno elija y quitar barreras.

La pausa activa: matices

Las pausas activas en el puesto —unos minutos de movilidad varias veces al día— tienen efectos modestos pero reales sobre molestias musculoesqueléticas, especialmente en trabajo sedentario y en tareas repetitivas.

Dos condiciones para que funcionen: que estén integradas en la jornada con un momento definido, y que alguien las lidere al principio. Dejadas a la voluntad individual, duran tres semanas.

Lo que no hacen: sustituir al ejercicio de fuerza. Son una medida de higiene postural y de interrupción del sedentarismo, no un programa de acondicionamiento.

Qué medir

  • Participación desglosada por turno, centro y tipo de puesto. El dato agregado esconde el problema.
  • Perfil de los participantes: ¿estáis llegando a quien tiene síntomas o solo a quien ya entrenaba?
  • Adherencia a los tres y a los seis meses.
  • Evolución de la encuesta de molestias.
  • Consultas por molestia leve, que deberían subir al principio.
  • Y a doce meses, indicadores de absentismo por causa musculoesquelética.

Y el gimnasio de empresa

Puede tener sentido en organizaciones grandes y con espacio, pero conviene mirar los datos de uso reales de otras empresas antes de invertir: la tasa de utilización sostenida suele ser baja y muy concentrada en el mismo perfil de siempre.

Con frecuencia, el mismo presupuesto dedicado a valoración individual y pauta supervisada para las personas con síntomas produce un impacto bastante mayor sobre los indicadores.

Por qué en SOMA empezamos por la columna

La razón por la que estos programas fallan es la autoselección: llegan a quien ya entrenaba. Nuestra forma de evitarlo es empezar por quien tiene síntomas, y eso implica una valoración individual antes que una actividad colectiva.

Y esa valoración empieza por la columna, porque es donde está el problema en la mayoría de los casos que concentran el coste. Un grupo específico para personas con dolor de espalda, con pauta adaptada y progresión real, mueve indicadores que ninguna clase abierta va a mover.

Preguntas frecuentes

¿Por qué fracasan la mayoría de programas de ejercicio en la empresa?

Por autoselección: se apunta quien ya hacía deporte, y no llega a quien tiene el problema. A eso se suma programarlos fuera de jornada, solo en turno de mañana y solo en la sede central, lo que deja fuera precisamente a los perfiles de mayor incidencia.

¿Funcionan las pausas activas?

Tienen efectos modestos pero reales sobre molestias musculoesqueléticas, sobre todo en trabajo sedentario y repetitivo, siempre que estén integradas en la jornada con un momento definido y alguien las lidere al principio. No sustituyen al trabajo de fuerza.

¿Es mejor montar un gimnasio o subvencionar actividad externa?

Depende del tamaño y del espacio, pero conviene mirar tasas de uso reales antes de invertir en instalaciones: suelen ser bajas y concentradas en quien ya entrenaba. Subvencionar la actividad que cada persona elija reduce barreras y suele conseguir mayor alcance.

¿Cómo llego a la gente que más lo necesita?

Con un grupo específico para personas con molestias, valoración individual previa, intensidad accesible y horario dentro de jornada. Y midiendo el perfil de los participantes, no solo el número: si el programa no llega a la lista de bajas repetidas, el diseño hay que revisarlo.

El siguiente paso

Si queréis que la actividad física llegue a quien acumula las bajas, hay que empezar por valoración individual. Eso es lo que hacemos.

Y si todavía no quieres hablar con nadie: nueve preguntas, tres minutos y te decimos por dónde empezar.

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Cómo lo trabajamos

Contenido divulgativo dirigido a responsables de RRHH y dirección. No sustituye el asesoramiento de tu servicio de prevención de riesgos laborales, de tu gestoría ni una valoración sanitaria individualizada.

Fisioterapeuta colegiado Nº 15266 · Col·legi de Fisioterapeutes de Catalunya
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